¡Hola! Soy Milagros
Acompañante emocional · Inspiración humanista
¿Por qué nace “Psicología y más”?
Estoy en el último año del grado de Psicología, y a lo largo de esta formación he comprobado dos realidades: por un lado, el enorme poder de las técnicas y teorías psicológicas para iluminar nuestro mundo interior; por otro, la necesidad de traducir ese conocimiento a herramientas sencillas y prácticas que cualquier persona pueda aplicar hoy mismo.
“Psicología y más” nace de esa dualidad. Mi objetivo es ofrecerte recursos claros—ejercicios de journaling, respiraciones conscientes, metáforas inspiradoras—que te acompañen en tu día a día y te ayuden a ganar calma, perspectiva y motivación. Al mismo tiempo, quiero preparar el camino para integrar, en el futuro, una mirada al compañamiento, fusionando la psicología no clínica con el life coaching: acompañarte de forma personalizada, partiendo de los fundamentos de la psicología, pero sin etiquetas ni tecnicismos.
«Quiero que este espacio sea tu aliado en el día a día, un lugar donde siempre encuentres un gesto de calma, una frase que te invite a seguir adelante y un recordatorio: crecer es un proceso compartido».

Accesibilidad: que las reflexiones y ejercicios lleguen con un lenguaje claro y sin tecnicismos.
Practicidad: ofrecer rutinas breves que puedan realizarse en casa, en el trabajo o incluso en el camino.
Humanismo: inspirarnos en la idea de que somos lo que hacemos por los demás, y que el cuidado propio y el cuidado al otro son dos caras de la misma moneda.

Continuación de nuestra reflexión «Cuidarnos es importante».
Cuidarnos no es solo velar por nuestro propio bienestar físico y emocional, sino también por el de quienes nos rodean. Esta reflexión invita a redescubrir la solidaridad, el altruismo y el buen samaritanismo como fundamentos de una convivencia más humana y armoniosa.
La naturaleza humana y la necesidad de trabajarla
Desde nuestros orígenes, los seres humanos hemos convivido en grupos: tribus, aldeas y sociedades que dependían de la cooperación mutua para sobrevivir. No obstante, la historia también muestra episodicas rivalidades, egoísmos y comportamientos excluyentes. No basta con confiar en una supuesta bondad innata: la solidaridad y el apoyo mutuo requieren un trabajo interno y colectivo.
1. Reconocer nuestras propias limitaciones: Admitir que necesitamos al otro nos hace más humildes. Reconocer la vulnerabilidad y la interdependencia es el primer paso para abrir el corazón.
2. Cultivar la empatía: Ponernos en el lugar del otro —escuchar sin juzgar— nos conecta con sus emociones y dificultades.
3. Practicar pequeños gestos diarios: Un saludo, un cumplido, una ofrenda de ayuda. La consistencia en los detalles construye hábitos de generosidad.
Dejar atrás el juicio y el egoísmo:
Juzgar a los demás por sus circunstancias o actitudes nos distancia de la comprensión. Cuando sostenemos una mirada compasiva, logramos ver la historia que hay detrás del otro: dolor, miedos, anhelos. Soltar el juicio no significa justificar conductas dañinas, sino acompañar desde un lugar de escucha y respeto.
Algunos consejos para ejercitar el desapego del juicio:
Autoexploración: Identificar prejuicios personales y cuestionarlos.
Diálogo interno: Reemplazar pensamientos críticos por preguntas abiertas (“¿Qué me impulsa a juzgar?”).
Observación consciente: Antes de reaccionar, tomar al menos tres respiraciones profundas para centrarnos.
Solidaridad activa: más allá de la compasión pasiva.
La compasión puede quedar en una emoción; la solidaridad nos empuja a la acción. El altruismo práctico consiste en ofrecer apoyo tangible: tiempo, recursos, acompañamiento. Puedes comenzar con iniciativas cercanas:
Voluntariado puntual: En comedores sociales, refugios o actividades comunitarias.
Red de apoyo informal: Crear círculos de amigos o vecinos dispuestos a ayudarse mutuamente.
Compartir conocimientos: Enseñar una habilidad, responder dudas o guiar a quien lo necesita.
Trabajar diariamente para ser mejores personas:
La transformación personal no ocurre de un día para otro. Requiere disciplina, paciencia y reflexión continua:
Journaling: Escribe cada noche un breve registro de tus acciones solidarias y qué aprendiste.
Objetivos semanales: Propón una meta sencilla de ayuda (por ejemplo: dejar una reseña positiva, hacer una llamada de apoyo).
Red de rendición de cuentas: Reúnete con alguien de confianza para compartir avances y desafíos.
Construir comunión en un mundo fragmentado:
Nuestra realidad se nutre de la diversidad y la riqueza de cada persona. Solo cuando cultivamos la unión y el compañerismo creamos espacios de crecimiento colectivo. Cuidarnos es cuidar al otro, porque en última instancia formamos parte de un mismo entramado humano. Con cada gesto, cada palabra amable y cada acción desinteresada, tejemos una red de esperanza que puede transformar no solo a los individuos, sino a toda la comunidad.
«Cuidarnos es un acto de valentía y generosidad. Que el compromiso de ayudar sin mirar —de ser buenos samaritanos— se convierta en la brújula que guíe nuestros pasos».
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